Vasa y el absurdo orgullo sueco

Año 1628, Suecia. Desde hacía 3 años, carpinteros, vidrieros, escultores, pintores y otros veleros, trabajaban sin descanso en la construcción de un nuevo buque de guerra de la Marina Real. Se trataba del buque real o insignia Vasa. Iba a ser el barco más formidable del momento, armado con 64 cañones, realizado con madera de roble sus mástiles tenían una altura superior a 50 metros y la decoración contaba con varios cientos de esculturas. Era el orgullo de la nación y sus rivales ya le temían.
El día de la botadura fue una fiesta llena de pompa pero la circunstancia llegaría después: “Cuando el buque salió del refugio de Tegelviken, un fuerte viento hinchó las velas y empezó a dar directamente de banda bajo el viento. Se enderezó por sí mismo, lenta y suavemente hasta que se acercó a Beckholmen, en que volvió a escorar de forma cada vez más acentuada. El agua empezó a entrar por las portas de la batería inferior, que se habían dejado abiertas para la ocasión. Golpeado una vez más por el viento, el Vasa zozobró y se hundió tras un viaje de unos 1.300 metros”.

El Vasa reflotado y en el museo

El rey Gustavo II pidió responsabilidades. La estabilidad del Wasa se había probado como se solía hacer en aquella época, por 30 hombres corriendo de una borda a otra con el buque amarrado al muelle. Tras solamente 3 pruebas, éstas se interrumpieron, ya que el buque amenazaba ya con zozobrar. El capitán Hansson declara que el navío era demasiado inestable a pesar de que el lastre estuviese bien colocado y los cañones asegurados. No se cometió ningún error a bordo y la tripulación no había bebido. El comentario del almirante Fleming fue: “Si su Majestad hubiese estado presente…”. Entonces ¿quién es el responsable? preguntaron los jueces. La respuesta fue: “Sólo Dios lo sabe”. No se cometió ningún error a bordo y la tripulación no había bebido. La culpa debe dirigirse hacia la propia concepción del navío: calado demasiado débil con respecto a la formidable altura del casco (más alto de lo que se hacía normalmente, sobre todo en lo que se refiere al castillo de popa), arboladura demasiado alta y artillería demasiado pesada y colocada demasiado alta. El centro de gravedad del buque estaba colocado también demasiado alto, quizás porque alguien ordenó correr una cubierta más de la inicialmente proyectada.

El hundimiento del Vasa

En 1961 fue reflotado y restaurado, siendo hoy el orgullo de Suecia a pesar de haber hecho el mayor de los ridículos víctima de su arrogancia y chapucera ingeniería naval. Tamaña incapacidad fue sustituida por la eficacia legándonos hoy un magnífico galeón de la época. La ineptitud a veces nos deja maravillas para la posteridad.

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