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Un navío con fuego de 36 libras

Esta es la última entrega fotográfica de mi viaje a Argentina. Estando en El Calafate no podía resistirme a poder ver el Fitz Roy, y para ello debía viajar a El Chaltén. Es un pueblecito tipo strassendorf (a lo largo de una calle) que recuerda a aquellos westerns con calles de tierra en un lugar inhóspito. Un asentamiento espectacular en un valle cuyas escarpadas montañas parece como si lo quisieran amurallar de la estepa teniendo como torre del homenaje al poderoso Fitz Roy. Desde aquí podemos realizar incursiones a la naturaleza más espectacular lo que le ha valido el sobrenombre de la capital del trekking. Desde allí mismo también se puede desplazar uno para ver el Cerro Torre además del mencionado Fitz Roy, que los indígenas llamaban Chaltén o montaña humeante (del que toma nombre el pueblo), y no es para menos pues convierte los vientos que lo tocan en nubes. Un lugar precioso para encontrarse con uno mismo, y en el que sufrí un terrible calvario por mi gripe… no suelo huir de la batalla. Mi experiencia siempre me ha dicho que merece la pena sufrir, el dolor se olvida permaneciendo los buenos recuerdos como estas fotos. En ellas tenemos en primer lugar el pueblo de El Chaltén rodeado de sus murallas naturales, seguido del “humeante” Fitz Roy con sus torres hermanas, tras estos el majestuoso valle en U de El Chaltén que denota su modelado glaciar. No podía faltar tampoco la devoción religiosa y la protección ante la poderosa naturaleza, tras ella un perro vigila el valle y me ladra osadamente, y terminamos con la visión del Fitz Roy desde la estepa patagónica a los pies de los Andes. Allí no manda el hombre, manda la naturaleza, manda Dios.

13.05.2008 - 23:28 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink | Tracklink

El aparente kilombo es una mina de oro

Suelen decir que Argentina siempre sale adelante por sus recursos naturales. Esta afirmación es algo inexacta, su producción ganadera y cerealista impiden que se pase hambre pero si nuestros hermanos argentinos salen adelante es por un monstruo llamado Buenos Aires, “la ciudad” con mayúsculas. No he visto una urbe con un dinamismo como la capital gaucha, no duerme nunca, siempre hay gente por las calles, llenas de actividad, pero a diferencia de Madrid esta ciudad tiene 15 millones de habitantes. Es una máquina de mover dinero sustentada exclusivamente por la población. Es la gente, con su iniciativa y dinamismo quien mantiene esta bestia en movimiento, la instituciones públicas no incentivan ni realizan inversiones para colaborar con ello. Centros comerciales, tiendas, cafeterías se mantienen abiertas sin mostrar síntoma de crisis, más bien lo contrario se expanden buscando llenar la demanda de los bonaerenses que parecen tocados por una fiebre consumista. Este diagnostico fue coincidente con el de los propios habitantes pero hubo alguien que me dio la clave del asunto: la gente prefiere gastar en vez de ahorrar temiendo que suceda un nuevo corralito. Todo encaja, un engranaje en movimiento que daría miedo ver si tan sólo tuviera políticos serios. Pero esa es la gran peste y sino de los argentinos, creerse más piolas que los demás. Ojala un día el pueblo les aplique los galones, pero para empezar debe empezar por saber la verdad de sus orígenes, de su ser. Sólo siendo humildes llegarán a lo más alto.

17.12.2007 - 22:15 | Comentarios & Trackbacks (0) | Permalink | Tracklink